Certificado de Últimas Voluntades, ¿qué es?

El Certificado de Últimas Voluntades es un documento oficial que acredita que una persona ha dejado un testamento y ante qué notario lo ha hecho. De esta manera la familia puede empezar los trámites de gestión de la herencia.

¿Cómo se pide un Certificado de Últimas Voluntades?

El Certificado de Últimas Voluntades no puede pedirse inmediatamente. Tienen que pasar 15 días hábiles desde la fecha de la defunción. Una vez pasados esos días, la familia tiene varias opciones para solicitarlo. Pueden dirigirse a la Gerencia Territorial del Ministerio de Justicia, al Registro Civil, o a la Oficina Central de Atención al Ciudadano. También puede solicitarse de forma online a través de la web del Ministerio de Justicia.

¿Qué documentos necesitas para pedir un Certificado de Últimas Voluntades?

Es necesario llevar un documento que acredite que la persona ha fallecido, el Certificado Literal de Defunción. Este documento puede ser un original o una fotocopia. Tiene que estar expedido por el Registro Civil de la localidad en la que la persona ha fallecido.

Podría suceder que una persona quisiera solicitar el Certificado de Últimas Voluntades de una persona no fallecida. En ese caso sería suficiente con acreditar el DNI de la persona que ha hecho la herencia y un poder notarial.

Una vez allí hay que rellenar los datos que figuran en el Certificado Literal de Defunción. Se hace entrega de dos sobres: uno con la dirección del registro y otro para enviar (con sello) al domicilio del interesado por si se quieren enviar por correo. El certificado impreso puede presentarse en dos estancias: en el registro de la Administración General del Estado o en las Gerencias Territoriales del Ministerio de Justicia.

¿Cuál es la tasa que hay que pagar?

Toda gestión administrativa tiene un coste. Desde el año 2015 la tasa es de 3,70€. Para pagarla hay que ir a cualquier banco con el modelo de solicitud del Certificado de Últimas Voluntades (modelo 790) o entidad financiera que colabore con la Agencia Tributaria.

Al final son pequeñas gestiones que quitan tiempo y se viven en el momento de un duelo. Lo ideal es que la familia cuente con un servicio funerario de calidad que se encargue también de los trámites y gestiones de la administración pública.